Ese día dos delincuentes retuvieron y dispararon a mansalva contra tres mujeres, asesinando a una de ellas y provocando la pérdida de un ojo en otra joven. Fallaron, por supuesto, porque su intención era asesinar a las tres jóvenes.
Pero lo amargo de esa madrugada no queda ahí. Desgraciadamente hay otro factor que daña, de repente no al nivel de lo sucedido ese día, pero igual causa daño en personas que se encuentran en un estado de vulnerabilidad más fuerte. Ese otro daño lo causa la prensa, sí mis propios colegas, mi gremio. Esto es lo que más me indigna y me avergüenza.
Ese mismo día, pero en horas de la noche, participé de un foro titulado “El legado de Joaquín García Monge al periodismo”, esto en el marco de una serie de celebraciones al cumplirse 50 años de la declaratoria de Benemérito de la Patria y de la muerte de don Joaquín.
En este foro se analizó el actuar de la prensa en la actualidad y la vigencia de las ideas esbozadas por don Joaquín hace 84 años en una carta en la que el decía cómo “haría un diario a los costarricenses”.
Es en este punto donde el actuar de la prensa sigue causando más daño a las víctimas de este tipo de atrocidades, accidentes y demás.
Decía don Joaquín: “Quiero un diario decente, pulcro, bien escrito, que hasta los niños puedan leer. No el diario que se ponga al servicio del escándalo, la ramplonería y la corruptela política. Nada de sensacionalismos, ni detalles de crímenes y vicios, incentivos para las bajas pasiones”. ¡Qué acertado y qué alejado de lo que vemos en los diarios hoy en día!
No entiendo que se gana publicando las fotografías grotescas de un accidente en el que una PERSONA es “partida a la mitad por el golpe” o de un apuñalado ensangrentado, entre muchas otras imágenes que llenan las páginas de sucesos. No entiendo que ganancia hay en llenar de sangre las páginas de los diarios o las pantallas de los televisores. ¿No se dan cuenta, mis colegas, que con esto no hacen sino prolongar el sufrimiento de víctimas y familiares?
Hoy veía en las noticias como reportaban, en directo, el momento en que el esposo de la joven asesinada “ingresaba a la capilla a dar su último adiós a su esposa”. Cuando esta periodista llegue al canal, ¿le esperará un premio o una felicitación de su director por lograr tomas en vivo de tan triste e íntimo momento familiar? ¿No se detendrán a pensar en lo que se puede sentir, en un momento tan doloroso como un funeral, el ver llegar cámaras y periodistas que preguntan por el dolor que es evidente?
Vergüenza siento de ver el trabajo de mis colegas, amo mi profesión, amo mi carrera, pero no puedo concebir que, inherente a ella, haya una especie de concha o caparazón que inmuniza ante el dolor ajeno. Apelo al corazón del ser humano que hay detrás de cada periodista que cubre sucesos y de cada director que manda a tomar ese tipo de fotos y a enfocar con sangre y gritos el dolor de nuestros semejantes.
Qué bueno sería poder enseñar en las universidades sobre este tipo de periodismo y poder llevar esto mismo a quienes manejan los medios hoy día, tal vez con esto haríamos un periodismo más humano, más al nivel de don Joaquín García Monge. EN SU MEMORIA, MAESTRO.

