septiembre 29, 2009

La inseguridad de nuestra seguridad

Más de 100 policías investigados, en los primeros nueve meses del 2009, por anomalías de variada índole, entre ellas, robo de bienes decomisados a delincuentes, cooperación con el narcotráfico y desaparición de evidencias en casos judiciales. Y esto es solo lo que ha sido detectado por el Ministerio de Seguridad y el Organismo de Investigación Judicial (OIJ).

Con este panorama es como difícil pensar en estar seguros en nuestras casas o caminando por las aceras y caminos de nuestro país.

Es preocupante la sombra de corrupción que día con día parece agrandarse más conforme leemos los periódicos o vemos las noticias en las que prácticamente se habla de un caso diario de policías corruptos separados de la Fuerza Pública o del OIJ.

Por supuesto hay que resaltar la labor de la Ministra de Seguridad Janina del Vecchio, quien ha logrado ir limpiando, desde dentro, todo este halo de corrupción que tanto mal le hace al país. Digamos que su cuestionado paso por el Ministerio de Seguridad se maquilla un poco con estas separaciones y denuncias públicas.

Es triste ver como la inseguridad se adueña cada vez más de nuestro remanso de paz, de nuestra “Suiza centroamericana” y nos pone en una situación de extremos temores.

Temor de salir a la calle con dinero en la bolsa o con relojes o aretes un poco vistosos porque podríamos ser víctimas de algún raterillo ambulante que nos tome desprevenidos en una esquina llena de gente o en una calle relativamente desierta y oscura, como las hay en buena cantidad en Costa Rica.

Temor de dejar nuestra casa sola para tomar unas vacaciones, cuando se puede, y llegar descansados y bronceados a encontrarnos con la puerta recostada al marco y un desorden no provocado por los chiquillos y sus juegos sino por los ladrones y sus registros en busca de tesoros escondidos y dinero que por gracia de Dios se disfrutó en la playa o la montaña.

Temor de usar cajeros electrónicos o de ir a hacer fila a un banco, porque pueden estarnos vigilando y luego nos hacen un no muy placentero paseo millonario por el Gran Área Metropolitana con destino final a los alrededores del Zurquí, esto si topamos con la suerte de que nos permitan seguir viviendo.

Y ahora temor a que esa pareja que camina por las calles vestidos de azul oscuro, con una placa en el pecho y un arma en su cinturón, a quienes confiamos nuestra seguridad, sean cómplices de esos delincuentes que están en la acera de enfrente seleccionando a sus próximas víctimas.

Hasta difícil se hace ahora confiar en los agentes del OIJ cuando nos roban el carro porque es posible que ellos mismos acuerden con los ladrones la entrega del carro luego de un jugoso pago que será dividido entre ellos, en partes no iguales por supuesto.

Un último dato no muy alentador, el último Informe de Competitividad del Foro Económico Mundial, divulgado el pasado 8 de setiembre coloca a Costa Rica en el lugar 104 entre 133 países con base en la opinión de 100 ejecutivos locales sobre el costo del crimen y la violencia para hacer negocios. Más cerca de ser los últimos que de ser los primeros. ¡Qué bonito!

Solo queda pedir a Dios para que esta ola de corrupción, que cada día se parece más a la de un tsunami, cese de una vez por todas y podamos de nuevo volver a confiar en los guardianes de nuestra seguridad, en nuestros policías y por qué no, en nuestra Ministra de Seguridad a la que ya le quedan pocos meses en el cargo, ocho y contando.

septiembre 13, 2009

In dependencia

Centroamérica está de fiesta, más importante aun, Costa Rica está de fiesta. Hoy hace 188 años, en las cercanías del Palacio de Gobierno de Guatemala, cuando no se hablaba de lenguajes inclusivos y de compañeros y compañeras, ticos y ticas, una mujer, doña Dolores Bedoya logró juntar a los habitantes del pueblo a llenar la plaza para alentar, con música y pólvora, a las autoridades de las provincias de la región para que firmaran la independencia de Centroamérica.
188 años han pasado desde que se firmó, en la Capitanía General de Guatemala, la independencia de Centroamérica, y, con ello, de nuestro país.
Lo que hoy abríamos transmitido en vivo a través de la radio, la televisión y, por supuesto, por internet, con facebook y twitter incluidos, tardó un mes en llegar a oídos de nuestros antecesores en un país en el que no había restricción vehicular, presas por doquier, peajes, platinas irreparables y carreteras dejadas a medio palo.
Carruajes y caballos copaban el paisaje costarricense, un paisaje, aunque oscuro por falta de iluminado público, seguro y lleno de camaradería; no como lo que vivimos hoy en día, con parques más iluminados para buscar una seguridad cada vez más difícil de encontrar.
Aquella Costa Rica no lidiaba con crisis económicas mundiales que nos vuelven dependientes de las subidas y bajadas del mercado internacional. Aquella Costa Rica celebraba a lo grande su independencia… finalmente llevaríamos los ticos las riendas de nuestra tierra.
Hoy esas riendas las llevamos nosotros, es cierto, pero ellas están atadas o otros derroteros, esas riendas dependen del movimiento financiero mundial para estar apretadas u holgadas, hoy, independientes, dependemos de los precios internacionales del petróleo para fijar precios en combustibles, electricidad y demás familiares.
Hoy independientes, dependemos de un cuerpo policial, cada vez más extraño y filtrado de corrupción, para poder caminar seguros por las calles de nuestro país.
Hoy, independientes, dependemos de un milagro para que la operación que me programaron en la Caja no coincida con el aniversario de mi muerte, o para que ocurra un milagro y me gane la lotería para poder pagar consulta privada, donde quien da poder es el dinero, plástico por supuesto y manejado por bancos internacionales.
Hoy independientes, ocupamos que un helicóptero se caiga para descubrir que no eran fotografías lo que se tomaban en ese vuelo, y que terminamos pidiendo ayuda extranjera para encontrar la droga que hizo que la nave sucumbiera por el peso. La Costa Rica de hoy está cada vez más en boca del mundo porque día con día son más grandes los decomisos de droga que se hacen en nuestros puertos o montañas.
Pero muy por encima de eso, debemos sentirnos orgullosos de que 188 años después de la declaratoria de independencia, en nuestro país, la educación es gratuita y obligatoria; que no hay que recorrer muchos kilómetros para encontrarnos con una escuela o un colegio públicos, que tenemos Universidades estatales de prestigio y Universidades privadas cada vez más especializadas. Que hoy podemos elegir libremente en qué escuela o colegio matricularemos a nuestros hijos y que ellos, libremente, escogerán sus carreras sin tener que cumplir ningún tipo de servicio militar.
Hoy, por esa independencia, podemos caminar libremente de un lado a otro sin que nos limiten el tránsito por los 52 mil kilómetros cuadrados de territorio costarricense.
Así como lo hago yo, cualquier costarricense es libre de expresar su pensamiento sin estar sometido a ningún tipo de censura más que la de no calumniar o hacer falsas acusaciones en contra de cualquier ciudadano.
En nuestro país no hay organizaciones del tamaño de las Maras Salvatruchas centroamericanas, o carteles de droga u organizaciones paramilitares o de carácter extorsivo. En esto, sin embargo, debemos realizar esfuerzos para evitar repetir esas realidades en Costa Rica.
Debemos estar orgullosos de que nuestro país es parte de la historia democrática del mundo gracias al premio Nobel otorgado, en su primera administración, al presidente Arias Sánchez. Tanto peso democrático tenemos hoy día, que gobiernos extranjeros acuden a Costa Rica como mediador en conflictos de índole político como en el caso de Honduras.
Las calles que hoy en la noche y mañana 15 de septiembre, serán el escenario para que miles de estudiantes desfilen conmemorando esta fecha son las mismas que desde hace 61 años no ven pasar por ellas un solo soldado militar armado. Nuestro ejército está conformado por estudiantes, que en su hombro portan nuestro pabellón nacional y los tambores y redoblantes anuncian fiesta y no guerras.
Es por esto, que hoy libremente podemos gritar y celebrar nuestra independencia a ritmo de nuestros himnos y exaltando nuestras costumbres, vestidos como nuestros campesinos y recordando la Costa Rica de antaño.
¡Que viva nuestra independencia! ¡Que viva nuestra Costa Rica!