Más de 100 policías investigados, en los primeros nueve meses del 2009, por anomalías de variada índole, entre ellas, robo de bienes decomisados a delincuentes, cooperación con el narcotráfico y desaparición de evidencias en casos judiciales. Y esto es solo lo que ha sido detectado por el Ministerio de Seguridad y el Organismo de Investigación Judicial (OIJ).
Con este panorama es como difícil pensar en estar seguros en nuestras casas o caminando por las aceras y caminos de nuestro país.
Es preocupante la sombra de corrupción que día con día parece agrandarse más conforme leemos los periódicos o vemos las noticias en las que prácticamente se habla de un caso diario de policías corruptos separados de la Fuerza Pública o del OIJ.
Por supuesto hay que resaltar la labor de la Ministra de Seguridad Janina del Vecchio, quien ha logrado ir limpiando, desde dentro, todo este halo de corrupción que tanto mal le hace al país. Digamos que su cuestionado paso por el Ministerio de Seguridad se maquilla un poco con estas separaciones y denuncias públicas.
Es triste ver como la inseguridad se adueña cada vez más de nuestro remanso de paz, de nuestra “Suiza centroamericana” y nos pone en una situación de extremos temores.
Temor de salir a la calle con dinero en la bolsa o con relojes o aretes un poco vistosos porque podríamos ser víctimas de algún raterillo ambulante que nos tome desprevenidos en una esquina llena de gente o en una calle relativamente desierta y oscura, como las hay en buena cantidad en Costa Rica.
Temor de dejar nuestra casa sola para tomar unas vacaciones, cuando se puede, y llegar descansados y bronceados a encontrarnos con la puerta recostada al marco y un desorden no provocado por los chiquillos y sus juegos sino por los ladrones y sus registros en busca de tesoros escondidos y dinero que por gracia de Dios se disfrutó en la playa o la montaña.
Temor de usar cajeros electrónicos o de ir a hacer fila a un banco, porque pueden estarnos vigilando y luego nos hacen un no muy placentero paseo millonario por el Gran Área Metropolitana con destino final a los alrededores del Zurquí, esto si topamos con la suerte de que nos permitan seguir viviendo.
Y ahora temor a que esa pareja que camina por las calles vestidos de azul oscuro, con una placa en el pecho y un arma en su cinturón, a quienes confiamos nuestra seguridad, sean cómplices de esos delincuentes que están en la acera de enfrente seleccionando a sus próximas víctimas.
Hasta difícil se hace ahora confiar en los agentes del OIJ cuando nos roban el carro porque es posible que ellos mismos acuerden con los ladrones la entrega del carro luego de un jugoso pago que será dividido entre ellos, en partes no iguales por supuesto.
Un último dato no muy alentador, el último Informe de Competitividad del Foro Económico Mundial, divulgado el pasado 8 de setiembre coloca a Costa Rica en el lugar 104 entre 133 países con base en la opinión de 100 ejecutivos locales sobre el costo del crimen y la violencia para hacer negocios. Más cerca de ser los últimos que de ser los primeros. ¡Qué bonito!
Solo queda pedir a Dios para que esta ola de corrupción, que cada día se parece más a la de un tsunami, cese de una vez por todas y podamos de nuevo volver a confiar en los guardianes de nuestra seguridad, en nuestros policías y por qué no, en nuestra Ministra de Seguridad a la que ya le quedan pocos meses en el cargo, ocho y contando.
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