Durante el juego, los jugadores Pablo Salazar, Michael Umaña y Minor Díaz resultaron amonestados, lo cual, al acumular, los tres, su quinta tarjeta amarilla, hacía que se perdieran el partido de cierre en el Ricardo Saprissa. A esto agreguémosle el hecho de que Roberto Wong sufrió una fractura en su rodilla en el partido de cuartos de final ante Pérez Zeledón, lo que significa que Liberia Mía perdió a sus tres defensores centrales, en la buena teoría, claro está.
A dos días del juego se dio lo impensable, Liberia solicita un estudio por las amonestaciones de sus tres jugadores, se acoge dicha solicitud pero el castigo se mantiene, por lo que los pamperos acuden al Tribunal de Conflictos y Apelaciones (TRICOA) y ahí se acoge la solicitud y los castigos quedan en stand by, es decir, los tres liberianos verían acción ante Saprissa. Y así fue.
Cuando finalizó el juego en el estadio Ricardo Saprissa, con marcador favorable a Liberia 1 a 0, la manoseada semifinal se convirtió en un bochorno de calidades históricas. Los liberianos celebraban su merecido triunfo en la cancha, con su buena cuota de ayuda en la mesa, mientras en Saprissa ya preparaban su apelación.
Está hecho, Saprissa apeló, sigue entrenándose “por si las moscas”, Liberia entrena en su casa y celebra su primer pase a una final nacional, Herediano, el otro finalista, se entrena sin tener claro cuál será su rival y cuando sería el día del primer juego de la final, que por cierto ya está programado.
Lo bochornoso de todo esto es ver la manipulación con la que se manejan las cosas en este país, hoy el fútbol no vale nada ante tantos y tantos procedimientos extraños y hasta oscuros. Los noticieros deportivos informan de llamadas a federativos, hasta de pagos a estos para que no se entregara información la Saprissa, para que se acogiera lo solicitado por Liberia Mía y se permitiera jugar a los castigados.
Que tristeza escuchar a jugadores, técnicos y directivos referirse a nuestro campeonato como algo sucio, manoseado y demás epítetos que seguramente la prensa se guardará para no manchar algo que ya, de por sí, no se puede manchar más.
No se vale que los equipos se valgan de estas cosas para lograr lo que en la cancha de repente les es o les hubiera sido muy difícil. Estoy seguro de que sin esos tres jugadores en la chancha, la historia del juego habría sido otra y hoy no estaríamos viendo como podemos quedar casi al mismo nivel de El Salvado, cuando ellos fingieron tres lesiones simultáneas para no jugar el segundo tiempo del partido ante Costa Rica en el pasado torneo de la Uncaf, ¡cuánto criticamos a esa selección! ¡Y ahora nosotros nos metemos en semejante bochorno! En El Salvador deben estar frotándose las manos, ya en la FIFA no se hablará más de ellos, ahora toca el caso de Costa Rica y su final de campeonato nacional.
Lo confieso abiertamente, no soy saprissista, y como tal me alegraba mucho pensar en la posibilidad de que “el sapri” no fuera campeón, pero así no. Hasta eso lograron en Liberia, que quienes ya no teníamos vela en el entierro no pudiéramos siquiera disfrutar la no campeonización de Saprissa.
Cuando inició el campeonato sin la participación de Liberia Mía, esto por utilizar varios ardides para no jugar por tener a tres jugadores convocados a la selección -recuerdan lo de Leo González, pues bueno, desde ahí ya en la Ciudad Blanca manejaban el campeonato a su antojo-, nadie se imaginaba que la final se jugaría por primera vez en Guanacaste.
¡Qué pena! Los títulos hay que ganarlos en la cancha respetando las reglas del juego y no en la mesa valiéndose de cosas que nada tienen que ver con el deporte más hermoso del mundo.
Tocará esperar a ver que pasa con esta final de campeonato, a ver cuándo se juega y entre quienes se juega. Por el momento solo podemos ser testigos de este bochorno liberiano…