mayo 07, 2009

De Fe, con mayúscula, y fe, con minúscula.

En temas de Fe y de amor a Dios debemos saber a quien entregamos nuestra vida y nuestra Fe para no encontrarnos, en algún momento de la vida, con situaciones que nos lleven a una posición en la que nos demos cuenta de que nos equivocamos al depositar esa Fe en quien no debíamos.

Que peligroso es depositar nuestra Fe, con mayúscula, en las manos de “x” o “y” personas, llámense estos sacerdotes, pastores, rabinos, líderes espirituales, etc. Peligroso porque llegado el momento de una falla en alguno de estos, esa fe, con minúscula, que se proclamaba con tanto fervor se pierde a la misma velocidad con que la imagen de ese hombre o mujer a quien dimos nuestra fe, se disipa tras sucumbir a la tentación del pecado.

A lo largo de la historia se han dado muchos casos de líderes religiosos, que fueron denunciados por actitudes que van en contra de los preceptos bíblicos o de los dogmas y/o normas propios de sus denominaciones eclesiales.

De esta forma hemos sido testigos de varios episodios que han marcado la historia de nuestro país y sobre todo de muchas personas que depositaron su fe en personas que cometieron actos contrarios a sus prédicas. Ejemplos de ello son los sacerdotes encarcelados Minor Calvo y Enrique Delgado. De igual forma ha sucedido con pastores de iglesias protestantes como lo sucedido con el famoso Zacarías Pérez, quien estuvo en prisión por abusar de tres mujeres o de los casos denunciados por un noticiero de televisión en los que sus pastores y fundadores se enriquecen a costa de la fe de sus seguidores, vendiéndoles, literalmente, la salvación.

A nivel internacional, el caso más sonado de la actualidad es el del mundialmente famoso Padre Alberto Cutié, de quien aparecieron fotos acariciando a una mujer en una playa de Miami. Hoy, el sacerdote ha sido separado de su parroquia y le han impedido ejercer su sacerdocio y transmitir su programa de radio mientras se hacen las investigaciones del caso. Por supuesto no podemos olvidar a José Luis de Jesús Miranda, el autodenominado Dios en la tierra o “jesucristo hombre”

Esto que escribo no es para juzgar el proceder de estos líderes religiosos, lo que quiero hacer es un llamado de atención sobre el tema de la Fe y en quien debe ser depositada.

Es claro que quienes creemos en Dios debemos depositar nuestra Fe en Él y solo en Él, los pastores o sacerdotes de las iglesias a las que asistimos deben ser guías espirituales en temas de Fe, no los custodios de esta. La Fe es algo propio, no es algo que recibes de alguien, la fe se tiene en el corazón y no se le entrega a nadie más que a Dios.

El problema de depositar la Fe en un hombre o una mujer es que cuando Alcuino de estos falla, lo que sigue es cogerla con Dios. De esta forma se dan los casos de personas que asistían con “fe absoluta” a la iglesia y al ver que su líder falló simplemente se enojaron con Dios y murió la Fe.

Dios es un Dios perfecto, a diferencia de nosotros. Quienes vivimos en este mundo estamos en una diaria búsqueda de la perfección para gozar de la presencia del Creador y como seres humanos que somos, podemos y vamos a fallar una y mil veces. Por eso la Fe no puede ser depositada en nuestras manos, la Fe debe se custodiada por el Dios del Cielo, por nuestro Padre.

Dejemos que las normas humanas valoren el actuar de los hombres, que el Dios de la Justicia se encargará de darle su justo “premio” por sus actos en la tierra. Depositemos nuestra Fe en Dios y esto nos permitirá ser testigos de lo que sucede alrededor nuestro sin permitir que esto tenga consecuencias en nuestra Fe.

Lo sucedido con el Padre Alberto debe servirnos de lección a todos, independientemente de la religión a la que se pertenezca, y debe llamarnos la atención sobre nuestra Fe en Dios y no en los hombres.

Dios es un Dios de amor, un Dios perfecto y solamente en Él es en quien debemos confiar. Debemos depositar nuestra fe en el Dios verdadero, nuestro Señor Jesucristo, el cual es Santo, puro, perfecto y jamás seremos traicionados por Él.

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Hebreos 11, 1).

1 comentario:

César B. dijo...

Creo que en muchos de los casos en que la gente deposita toda su confianza en otro ser humano lo que falta no es fe hacia alguien en particular, sino hacia uno mismo. A veces creo que hay gente (no toda claro) que anda buscando permanentemente una mano paterna que la guíe.

Saludos.