Su apariencia puso todo en contra suya. Es prácticamente impensable asegurar que es físicamente bonita, su pelo descuidado, desaliñado y su forma de vestir es más cercana a lo patético que a lo estético. Los jueces y el público se rieron -burlaron- al verla y, al decir lo que cantaría, los gestos de incredulidad burlona se adueñaron de la audiencia. Al final de su presentación, esta mujer dio la más grande lección de autenticidad y fe en sí misma a quienes tuvimos la oportunidad de verla cantando. Hablo de Susan Boyle, la escocesa que sorprendió al mundo entero en el show Britain’s got talent.Desgraciada o dichosamente tiene que darse estos fenómenos para que ocupemos un momento para analizar nuestra forma de ser y actuar con quienes nos rodean, con nuestros semejantes.
Y es que día a día, minuto a minuto, cuando la vida nos da esa oportunidad, nos burlamos, despreciamos a quienes pasan a nuestro lado vestidos de manera diferente, oliendo diferente, hablando diferente, actuando diferente, etc., etc., etc., a lo que es “normalmente aceptado”.
¿A cuantas personas maravillosas hemos dejado de conocer por nuestros absurdos estereotipos? ¿Cuántas veces hemos hecho sentir mal a nuestros semejantes simplemente porque su apariencia no se ajusta a nuestros parámetros? ¿Es que acaso somos mejores por vernos “igual” al resto? ¿No será más bien que vemos la autenticidad de aquellos que son diferentes a nuestros ojos y la envidia nos empuja al choteo y a la burla?
“Feos”, “mal olientes”, “mal vestidos”, “estridentes”, “retraídos”, “homosexuales”, “discapacitados”, “enfermos”, son solo algunos ejemplos de estas personas a las que mal juzgamos y rechazamos ad portas por nuestra valoración absolutamente subjetiva y condenatoria.
A todos nos ha tocado, y si aun no te toca, haya paz, en algún momento seremos parte de una minoría y sabremos lo que se siente ese rechazo y esa mirada burlona y acusadora; es ahí cuando vamos a querer una oportunidad para demostrar que podemos ser parte de ese colectivo “normal” y que tenemos la capacidad suficiente para hacer grandezas con nuestras capacidades.
Ahí está la lección. Dios se encarga de utilizar a sus hijos más especiales para enseñarnos, para aleccionarnos. Es nuestra decisión volver nuestra mirada y nuestra atención hacia ellos o seguir atentos hacia el mismo lugar y continuar siendo y actuando como siempre.
No es nuestra apariencia externa lo que nos da valor, es nuestro interior lo que nos hace más grandes o más pequeños.
Sería bueno poder volver al revés a la gente para ver así el valor real de cada uno por lo que hay internamente en él. ¿Cierto muñeca?
Cierre clisé. “Lo esencial es invisible a los ojos”, Antoine de Saint-Exupéry.
Y es que día a día, minuto a minuto, cuando la vida nos da esa oportunidad, nos burlamos, despreciamos a quienes pasan a nuestro lado vestidos de manera diferente, oliendo diferente, hablando diferente, actuando diferente, etc., etc., etc., a lo que es “normalmente aceptado”.
¿A cuantas personas maravillosas hemos dejado de conocer por nuestros absurdos estereotipos? ¿Cuántas veces hemos hecho sentir mal a nuestros semejantes simplemente porque su apariencia no se ajusta a nuestros parámetros? ¿Es que acaso somos mejores por vernos “igual” al resto? ¿No será más bien que vemos la autenticidad de aquellos que son diferentes a nuestros ojos y la envidia nos empuja al choteo y a la burla?
“Feos”, “mal olientes”, “mal vestidos”, “estridentes”, “retraídos”, “homosexuales”, “discapacitados”, “enfermos”, son solo algunos ejemplos de estas personas a las que mal juzgamos y rechazamos ad portas por nuestra valoración absolutamente subjetiva y condenatoria.
A todos nos ha tocado, y si aun no te toca, haya paz, en algún momento seremos parte de una minoría y sabremos lo que se siente ese rechazo y esa mirada burlona y acusadora; es ahí cuando vamos a querer una oportunidad para demostrar que podemos ser parte de ese colectivo “normal” y que tenemos la capacidad suficiente para hacer grandezas con nuestras capacidades.
Ahí está la lección. Dios se encarga de utilizar a sus hijos más especiales para enseñarnos, para aleccionarnos. Es nuestra decisión volver nuestra mirada y nuestra atención hacia ellos o seguir atentos hacia el mismo lugar y continuar siendo y actuando como siempre.
No es nuestra apariencia externa lo que nos da valor, es nuestro interior lo que nos hace más grandes o más pequeños.
Sería bueno poder volver al revés a la gente para ver así el valor real de cada uno por lo que hay internamente en él. ¿Cierto muñeca?
Cierre clisé. “Lo esencial es invisible a los ojos”, Antoine de Saint-Exupéry.
No hay comentarios:
Publicar un comentario