Su expresión contagiaba de positivismo y de alegría a quien estuviera frente al televisor. La situación se salía de lo presupuestado por cualquiera, excepto por él. Cuando inició el programa, el presentador, Ignacio Santos, lo presentó de manera especial. Dentro de los diez participantes del programa sobresalía esa cara chispeante. Su nombre, Carlos Gutiérrez Vargas. ¿Por qué lo presentaban de manera diferente? Sobresalía del resto de participantes porque es sordo y contaba con una intérprete del Lenguaje de Señas Costarricenses (LESCO).
El programa fue normal hasta que llegó la segunda pregunta de la mente más rápida. Al revisar los tiempos, la cara que apareció en la pantalla fue la de Vargas quien sorprendido preguntó silenciosamente ¿yo? Incrédulo por saberse ganador de la primera prueba. Ahí giró el programa. La gente aplaudió al participante, quien en su primera intervención explicó la forma en la que ellos, los sordos, aplauden. El público lo entendió de inmediato y Vargas se adueñó del protagonismo.
Da gusto ver a una persona con el positivismo, el empeño y el tesón de Carlos que decide ir al frente y conseguir las metas que se propone a pesar de su discapacidad. Él es un gran ejemplo de que cuando te propones algo y luchas con tu corazón lo puedes conseguir a pesar de todo lo que se ponga al frente, así sea una discapacidad o una sociedad que no te da el lugar que te corresponde simplemente porque no cuentas con algo con lo que la mayoría sí.
Mi piel se erizó cada vez que surgían los aplausos para Carlos conforme avanzaba el programa. ¡Qué bonito momento! ¡Qué alegría poder ser testigo de semejante ejemplo!
La cara, la expresión, la chispa de Carlos quedará siempre como uno de los mejores momentos del programa, estoy seguro de eso. Carlos marcó un momento en ese programa y ese es su mayor premio, no el dinero que obtuvo por sus respuestas correctas, su premio estaba sentado en el público, era su madre que orgullosa acompañó a su hijo y respondió con él cada pregunta apoyándolo como solo las madres lo saben hacer. Su premio es también haber representado a su comunidad sorda en un programa que no había presupuestado tan singular participante.
Aplaudo silenciosa y calurosamente el ejemplo de Carlos. Es esa chispa la que todos deberíamos tener aunque sea en menor escala, en cada cosa que hacemos, en cada momento de la vida.
Gracias a Carlos por haberse atrevido a romper paradigmas y por demostrarnos que las limitaciones son impuestas por nosotros mismos y no por factores externos a nosotros. Gracias también a la producción del programa por dar igualdad de oportunidades y generar las condiciones para que todo el que quiera pueda ser partícipe del programa sin ningún tipo de discriminación.
El programa fue normal hasta que llegó la segunda pregunta de la mente más rápida. Al revisar los tiempos, la cara que apareció en la pantalla fue la de Vargas quien sorprendido preguntó silenciosamente ¿yo? Incrédulo por saberse ganador de la primera prueba. Ahí giró el programa. La gente aplaudió al participante, quien en su primera intervención explicó la forma en la que ellos, los sordos, aplauden. El público lo entendió de inmediato y Vargas se adueñó del protagonismo.
Da gusto ver a una persona con el positivismo, el empeño y el tesón de Carlos que decide ir al frente y conseguir las metas que se propone a pesar de su discapacidad. Él es un gran ejemplo de que cuando te propones algo y luchas con tu corazón lo puedes conseguir a pesar de todo lo que se ponga al frente, así sea una discapacidad o una sociedad que no te da el lugar que te corresponde simplemente porque no cuentas con algo con lo que la mayoría sí.
Mi piel se erizó cada vez que surgían los aplausos para Carlos conforme avanzaba el programa. ¡Qué bonito momento! ¡Qué alegría poder ser testigo de semejante ejemplo!
La cara, la expresión, la chispa de Carlos quedará siempre como uno de los mejores momentos del programa, estoy seguro de eso. Carlos marcó un momento en ese programa y ese es su mayor premio, no el dinero que obtuvo por sus respuestas correctas, su premio estaba sentado en el público, era su madre que orgullosa acompañó a su hijo y respondió con él cada pregunta apoyándolo como solo las madres lo saben hacer. Su premio es también haber representado a su comunidad sorda en un programa que no había presupuestado tan singular participante.
Aplaudo silenciosa y calurosamente el ejemplo de Carlos. Es esa chispa la que todos deberíamos tener aunque sea en menor escala, en cada cosa que hacemos, en cada momento de la vida.
Gracias a Carlos por haberse atrevido a romper paradigmas y por demostrarnos que las limitaciones son impuestas por nosotros mismos y no por factores externos a nosotros. Gracias también a la producción del programa por dar igualdad de oportunidades y generar las condiciones para que todo el que quiera pueda ser partícipe del programa sin ningún tipo de discriminación.
1 comentario:
A mi lo que me sorprendió era lo hablantín que era, al rato daban ganas de decirle ¡pará y respondé la pregunta por favor!
Simpático el muchacho y cero complejos.
Saludos.
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