Esta es la primera vez en mi vida que he deseado que la navidad sea un poquito más larga, digamos que del 16 de diciembre al 7 de febrero. Aclaro, no por colacho, los arbolitos y los muñecos de nieve, sino por no tener que soportar semejante dechado de ideas raras de los publicistas y ataques desmedidos de los candidatos a la presidencia.
No recuerdo haber visto una publicidad que buscara vender un producto por MALO; que las virtudes de su producto no fueran las mejores, sino las menos malas.
A la luz de la campaña del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), a partir del 8 de mayo de 2010, Costa Rica no tendrá a un buen presidente llevando las riendas del país por espacio de cuatro años; en el mejor de los casos, y esto si Fishman ganara las elecciones, tendríamos al “menos malo” como presidente. Esto, mis queridos compatriotas, es lo mismo que decir a la historia y al mundo que la muy hermosa y tan feliz Costa Rica se preciará de tener un presidente malo. El más malo, o el menos malo ¿qué diferencia hace?, de todas formas será malo.
Gracias a esta publicidad, que nos presenta candidatos malos y menos malos, simpáticas marionetas, actores semidesnudos, ataques y falta de ideas novedosas y creíbles, en mi mente apareció la idea de botar, con “be” mi voto, con “uve”, algo así como dejarlo en blanco o marcar más de una casilla para luego no cargar con la culpa de que voté por un presidente malo.
Nota de cierre…
Ahora que vemos marionetas y muñequitos en la campaña, este perfectamente podría ser el año de aquel simpático personaje que decía tan folclóricamente, “no sea bruto, vote por Chiricuto”. Anímese Chiricuto, se le puede hacer realidad su sueño de ser presidente del país, no pierde nada, podría hasta ser mejor que el menos malo.
1 comentario:
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¿Adónde quedaron las campañas electorales de ideas y propuestas serias?
Esta campaña electoral me ha dejado perplejo. Y estoy seguro de que no soy el único elector indeciso que está insatisfecho –por no decir decepcionado- de lo que hemos visto y escuchado en esta campaña política. Iniciamos este proceso político –o publicitario- con personajes semidesnudos, candidatos abrazando a niños y adultos mayores; invitaciones a seguir avanzando hacia adelante – aunque no sepamos hacia adónde vamos realmente. Y no olvidemos las marionetas y muñecos que tanto dieron de qué hablar. Esto, sin mencionar la estrategia de auto llamarse el “menos malo” como una forma de hacerse notar como “el más bueno”. Pero lo peor estaba aún por llegar. Hay un anuncio que da vergüenza y me parece que poca gente lo ha externado. Me refiero a la publicidad de Laura Chinchilla y el Partido Liberación Nacional sobre la canción de la Patriótica Costarricense con algunas figuras públicas. Lo más denigrante de una campaña es cuando se toca un tema que no debe ser politizado como es el caso de una canción patriótica que encierra la ilusión y esperanza de un país que hace muchos años dejó de ser lo que allí se menciona. ¿Los medios no cuestionan nuestra realidad acaso? ¿Vergel bello de aromas y flores? ¡Vayamos a Crucitas o a las piñeras transnacionales y veamos cómo se ha violentado la ley en la zona norte y nadie pone un freno a esto! ¿Yo no envidio los goces de Europa? Eso dice nuestra bella canción, pero...nuestra política económica es una copia al dedo - sin respetar diferencias- de algunas regiones europeas y por eso vamos de fracaso en fracaso para las regiones más vulnerables. El oficialismo olvidó que se deben mantener las diferencias culturales de cada sector para propiciar su desarrollo integral.
¿La defiendo, la quiero y la adoro, y por ella la vida daría? Vaya espíritu de heroína nacional el de nuestra candidata del oficialismo! Nuestra política neoliberal, comandada por el bipartidismo desde 1982 se olvidó de defender nuestro patrimonio y entregó nuestros activos más preciados. A mí, sinceramente me da pena ver cómo hacen uso de un anuncio cómo éste para engañar a las personas más humildes y sencillas. Además, no es moral, mostrar la Bandera Nacional en una pauta publicitaria pagada por una agrupación política con fines electorales.
Ya se acaba la campaña política y me duele profundamente observar cómo los sectores que no defendemos ningún color político, y que, anhelamos trabajar por un país más solidario y equitativo, seguimos sin conocer propuestas serias de quienes aspiran a ostentar el poder en los próximos cuatro años. Tal parece que los partidos y agrupaciones se han convertido en maquinarias electorales de mercadeo y publicidad y se olvidaron de aquel concepto básico que se llama “hacer ciencia política”.
Lic. Sergio Villalta Valdelomar.
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