noviembre 15, 2010

Exijamos respeto… pero respetando también

A la mayoría los encontramos en nuestras casas u oficinas haciendo el servicio doméstico, siendo los guardas (o “guachis” como los hemos

llamado) del barrio o los cuida carros de la oficina o del bar-restaurante al que vamos a pasar un buen rato; nuestras casas han sido construidas, por lo menos, por uno de ellos. Sí, en Costa Rica tenemos muchos nicaragüenses ganándose la vida honradamente, haciendo lo que nosotros nos negamos a hacer.

Este conflicto limítrofe que se ha inventado el presidente de nuestro vecino país, Daniel Ortega, un poco, o mucho, como estrategia política para desviar la atención de su no muy acertado gobierno (¿es eso algo nuevo?) en momentos cercanos a una próxima elección, ha puesto sobre la mesa un tema que me preocupa de sobre manera, más aún que el conflicto mismo. La xenofobia.

En las redes sociales se han disparado posts, tweets, blogs, vídeos, frases incitadoras a un rechazo violento hacia quienes no tienen arte ni parte de lo que sucede en la Isla Calero.

Nuestras madres y las madres nicaragüenses han sido asoleadas estos días en las redes sociales y los lugares de reuniones y discusiones. Hijuep… para acá, hijuep… para allá, nicas de m…, ticos de m… y demás familiares y parientes cercanos. ¿Es esta la mejor forma de exigir respeto?

Creo, como costarricense que debemos hacer respetar nuestro territorio, creo, como costarricense que es nuestro derecho hacer valer los límites oficiales, creo, como costarricense que merezco respeto en mi patria y fuera de ella.

Tengo, como herencia de mi abuelo, en mi sangre algún porcentaje de nuestro vecino del norte, y lo digo con orgullo, porque mezquino sería avergonzarme de mi procedencia y de mi muy querido y bien recordado Juan Ramón Jiménez Aguirre. Como tal, creo en el respeto que merecen mis hermanos nicaragüenses, repudio con todas mis fuerzas los comentarios xenófobos y racistas que llenan páginas de páginas, repudio los odiosos comentarios de cabezas calientes y cerebros reducidos que piensan que ofendiendo a quienes vienen a nuestro país, buscando lo que en el suyo les ha sido negado por años, va a lograr que Ortega y Pastora renuncien en su absurda empresa.

Costarricenses, nicaragüenses, lo mismo somos, habitantes de un mismo mundo e hijos de un mismo Dios, exijamos respeto, pero exijámoslo respetando también. No es ofendiendo que ganamos respeto, no es repudiando a nuestro hermano que hacemos oír nuestras voces. Es mediante la protesta pacífica que se logran las cosas históricamente en Costa Rica (ojo que pacífica no significa solamente no tener ejército, más daño pueden causar las balas que salen de nuestra boca que aquellas que dispara un arma, lo que de nuestra boca sale, ofende y mata en vida y eso es más doloroso que lo que pueda hacer un arma de fuego)

Como costarricense, nieto de un nicaragüense y enemigo acérrimo de la xenofobia levanto mi vos desde mi espacio exigiendo respeto, primero por el ser humano, que es lo más importante, y luego por la delimitación territorial.

Exijamos respeto, pero no olvidemos que es respetando como somos respetados.

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